
Placas gigantescas, en un horizonte de llanuras y pecadores.
Los hombres temen, los ángeles pecan. El miedo se coronó rey de las desdichas, de la demagogia. En busca del fin anda un hombre lleno de moratones, heridas y faltado de partes del cuerpo. Parece ser un sabio veterano al que no le afecta el miedo, sin embargo, los ángeles se percatan de su andar optimista y, con una efímera mirada, le carbonizan. Ya sólo quedan sus negros y frágiles huesos, sustentados por un aire que iguala sus dolores, que penetra en sus míseros átomos. Cabalgando va su alma hacia el Cielo, buscando cobijo y respuestas, buscando algo que causó la muerte de tantos. Sin miedo mueres, con miedo vives muerto, ¿qué debemos hacer entonces?
No sucumbamos a los poderes divinos, ni a los terrenales. Acabemos con la extorsión espiritual y el miedo religioso. Aquellas almas que deseen algo que luchen, que luchen a mi lado. Un guerrillero de la vida pide ayuda a almas destrozadas, almas que tan siquiera saben si existir o no existir. Pecadores purgados por banas instituciones, en vez de por ellos mismos. No existe el pecado terrenal, sólo las demagogias desdeñadas de aquellos que pretenden controlarlo todo. Luchemos, batallemos contra el poder, seamos una exhalación de veneno para aquellos que quieran respirar gracias a nosotros...
Seamos vivos señores, seamos sensatos...
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